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POESÍAS DE RICARDO GALLEGO DÍAZ
Como la marea Nunca dejes mujer de ser quien eres, pensamiento y acción. Llama y lluvia, principio y fin de todas las formas, Hades y Afrodita. Desdoblada en cada instante y única para todos los asuntos. Desbordante de frescura y ternura, llena de defectos para las otras y exuberante de maravillas para nosotros.
Tu olor nace en nuestra percepción aun antes de nacer y no nos abandonas nunca. Tus caricias y mimos se mantienen y al pasar el tiempo solo se diferencian por el temblor en las manos. Tus besos saturados de amor y cariño perduran y se colman de deseos y pasión. Tu entrega sigue siendo total, ahora con un toque de erotismo y sensualidad en el cuerpo.
Siempre llegas lenta y sutilmente, como la marea a la orilla, vas llenándolo todo de olores y frescura, te recreas en cada espacio que conquistas y todo hombre te recibe.
Cuando te retiras no hay manera de olvidarte, quedas en todo, queda tu olor, tu murmullo, tu sabor y aun sabiendo que no estás, se hace difícil creer que sea cierto.
Tu rocío se ha impregnado en la mente, en la piel, en cada parte invadida, y quedas, quedas, hasta que vuelves como la marea, lenta y sutilmente, llenándolo todo, todo, todo…..
EROS Brota el amor cuando el alma se sentía agobiada, mana el erotismo como un instrumento formidable de morbosa grandeza. Surge sobre los deseos que entraña el frenesí de los sueños. Naces entonces tú, como herencia de toda una época, en que Eros se convertía en la esperanza visible para todos los hombres.
Surges en la plenitud prodigiosa de los grandes resultados, llena de visiones frenéticas y de pecados viejos con intenciones modernas, donde yo, voy empapándome de tu luz y aromas, al amparo de tu cuerpo que lo usas como arma para lograr tu libertad.
Surges aún, fiel a tu costumbre de mostrarte atractiva, tan auténtica y natural como la llegada de la luna nueva.
Surges en medio de una síntesis humana de las mejores emociones, como eclosión de fervores, como apoteosis de luz tras larga jornada de tinieblas, como la mayor de todas las aventuras, de todas las pasiones, como la excepcional forma y contenido del erotismo.
Surges delante de mí como lección magistral de belleza, con el exotismo que atrae y confunde, con las carnes desnudas que destilan fragancia como la miel en un panal.
Surges, finalmente delante de mí y con ese fuego urgente del amor nos besamos con el sano impudor de los adolescentes. Te abarco con los ojos y con las manos de un tirón, dejamos que Eros explore los sueños, la carne, la realidad, y así, estaremos en esa integración de cuerpo y espíritu, desnudos, hasta que de nuevo vuelva a llover hojas de parra para los dos.
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